PERFIL EXPEDICIONARIO

Pensad en todo lo que posiblemente necesitaréis en una escalada, digamos de treinta horas. Prescidíd de todo aquello que juzguéis que no os va a resultar necesario. Llevád el cincuenta por ciento del resto.

Harold Reaburn

viernes, 29 de mayo de 2015

007.- Minimalismo y barefoot

Correr cada día, de mañana, en ayunas o al caer la tarde parece ser una prometedora forma de conseguir una calidad de vida superior, también puede convertirse en un habito y hasta en una obsesión. Correr es sano y aun sabiéndolo se le asocian ciertas lesiones de rodillas y tendones, es que los hombres no estamos preparados para la carrera?

La gravedad obligó a los organismos vivientes que quisieran mantener partes importantes de su cuerpo sobre la superficie a desarrollar esqueletos y a muscularse para vencer la aceleración gravitacional que todo lo quiere mantener pegado al piso.

En los albores de la especie humana, un homínido arbóreo dejó la protectora y segura, pero poco alentadora copa de los arboles, por los espacios abiertos de la sabana africana; al menos así lo dicen muchos científicos. Uno de ellos, el profesor en biología evolutiva Daniel E. Lierberman, quien ha estudiado la evolución de nuestros ancestros de los cuales se puede decir que, dotados de capacidades cognitivas únicas y otras adaptaciones físicas como la capacidad de refrescarnos a través de la transpiración, la posición vertical que reduce la cantidad de cuerpo expuesta al sol, así como la visión frontal, periférica y a larga distancia, con los ojos ubicados en una posición elevada y un esqueleto y músculos adecuados para correr, entre otras cosas, nos permitieron cazar y arrebatar presas de otros predadores con cierta ventaja. Así, unos primates relativamente débiles, sobrevivieron en el ambiente hostil altamente competitivo del  África ancestral.

Somos el organismo viviente mejor adaptado, con varios sistemas que, solapados e interrelacionados de formas muy complejas, nos dan esa característica. El sistema de orientación y equilibrio humano, cuyo centro de comando es el Sistema Nervioso Central, cuenta con una batería de sensores de gran poder operativo para explorar el mundo circundante y decidir la forma de actuar movilizando los efectores entre los que se destaca el sistema musculo esquelético.

En un universo de relaciones y condicionamientos, los principales sensores: el sistema vestibular, visión, aparato cutáneo táctil y el sistema propioceptivo trabajan al unísono encadenando sensaciones, percepciones y evaluando a través del S. N. C. las posiciones y mejores opciones cuando queremos desarrollar movimiento.

La visión es muy importante en nuestro afán de movernos de aquí para allá. Le brinda información relevante al S. N. C.. En ausencia de buena visión, ocurre un fenómeno conocido como oportunismo vestibular, que es la toma del comando del control del desplazamiento espacial del hombre. La falta de datos visuales también produce una sobre excitación del aparato cutáneo táctil, siendo muy apreciable en las personas ciegas.

El tacto es el encargado de la percepción de estímulos como contacto y presión, temperatura y dolor. Su órgano sensorial es la piel, que además es el órgano más grande del cuerpo. La percepción de estos estímulos externos se realiza a través de las células receptoras específicas, pequeños órganos encargados de captar cada una de estas señales en la piel. Se estima que la piel humana contiene alrededor de cuatro millones de receptores para la sensación de dolor, quinientos mil para la presión, ciento cincuenta mil para el frío y dieciséis mil para el calor. Están distribuidos de manera no uniforme concentrándose en la lengua, palma de las manos y en la planta de los pies.

La propiocepción es la capacidad del cuerpo de detectar el movimiento y posición de las articulaciones, así como el estado de tensión y relajación de los músculos.

Existen distintos receptores en músculos, articulaciones y ligamentos: huso muscular, órganos tendinosos de Golgi, receptores de la cápsula y ligamentos de la articulación Estos reciben el nombre genérico de propioceptores y son los encargados de recibir la información propioceptiva, y comunicar al S. N. C. el estado y posición en que se encuentra una articulación.

Este sistema es muy importante en la vida cotidiana. También contribuye y es parte de la memoria motriz. Si cerramos los ojos sin ver nuestro cuerpo, sabremos perfectamente cómo está cada parte, sus posiciones con respecto a las demás y sus niveles de tensión y/o relajación.

Los sensores de la planta del pie, altamente especializados en relevar e informar al S. N. C. las características del suelo como: dureza, porosidad, firmeza, aglomeración o disgregación de materiales, inclinación, declinación, etc., dan un primer informe para decidir de manera subconsciente la posición más apta de las articulaciones. Es decir, determina las tensiones tendinosas y musculares necesarias para afrontar la compleja tarea de mantener el equilibrio y la orientación del cuerpo.  Intervienen todos los sistemas, destacándose visión central y periférica, tacto, propiocepción, y el sistema vestibular. Este último, informa los desplazamientos de la cabeza en tres dimensiones, y estará disponible cuando falten datos visuales.

Es evidente, sin recurrir nada más que a la observación, que intercalar acolchados entre el suelo y la planta del pie provoca una merma significativa de los datos necesarios para producir un proceso de equilibrio dinámico armonioso. Que esa falta de datos, transmitirá información pobre o errónea al S. N. C. que responderá interpretando de manera parcial las necesidades reales de tensión o relajamiento de las articulaciones comprometidas en la carrera, es decir, todas. Acentuando su importancia, tobillo, rodilla y cadera.

Desde hace una década un segmento del colectivo de corredores de ultra maratón de distintas nacionalidades, tomó en cuenta la oportunidad de poner a prueba algo que ya había demostrado Abebe Bikila, la leyenda negra, que en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 quien dejó a todos estupefactos cuando, descalzo, se coronó primero y con holgura en la prueba de maratón. ¡Ni más ni menos!

Las palabras correr descalzo, zapatillas minimalistas o el termino anglosajón barefoot running aun son novedosas en nuestro país, pero podemos aprender de muchos corredores como el difunto Micah True (Caballo Blanco) quien aprendió la técnica y se inspiró en la tradición taraumara (RARAMURI). Una tribu del estado de Chihuahua, Méjico, cuya leyenda viviente es el trote de distancias extremadamente largas calzando solo sus huaraches, sandalias muy austeras con suela muy delgada. 

En cierta ocasión, contó el etíope Haile Gebrselassie: “Estaba a gusto cuando no llevaba zapatillas. Solía correr descalzo. Fue difícil empezar a llevarlas. Correr con zapatillas está bien, pero al inicio de mi carrera fue muy duro. En nuestro país, ves a los chicos, que están muy a gusto sin ellas. Es mejor no llevar zapatillas, que llevar unas que te incomoden”

Durante los últimos años, otros corredores como Christopher McDougall, Jason Robillard, Anton Krupicka, inspirados en estos ejemplos  y siguiendo el mismo ímpetu que los hace correr, decidieron que había que dar a conocer los beneficios que estaban experimentando con su nueva forma de correr. Esta tendencia promete evitar lesiones, acortar los tiempos de recuperación y avanzar a pasos agigantados en busca de los límites físicos y psíquicos.

Pasa el tiempo y se suman los artículos, investigaciones y estudios que justifican esta tendencia y promueven el crecimiento de la familia de corredores descalzos-minimalistas

A tal punto ha llegado la corriente de pies descalzos que, el “The Barefoot Impi”, un equipo formado por seis personas alcanzó el pasado 28 de enero la cima del Kilimanjaro, la más alta de África, con 5.892 metros de altitud, una proeza sin zapatillas, llena de surrealismo y modernidad.

La sencillez es la máxima sofisticación.

Lo oportunidad y ventaja del minimalismo y/o el barefoot, está en el hecho que el cuerpo humano ofrece gratis un sistema de propulsión y amortiguación muy sofisticado, desarrollado a través de millones de años, probado generación tras generación, solo cancelado por un embelesamiento con la tecnología en los últimos 50 años, tal vez los años con mayor incidencia de lesiones de rodilla y tobillo.

Correr descalzos parece seductor, pero estamos lejos de poder hacerlo de manera inmediata. El calzado minimalista resuelve parcialmente este problema, del mismo modo que el correr volverá ser un juego, un placer mucho más allá de los eventos competitivos. 

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